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Todo hacía prever que tendríamos un fin de semana magnifico, las previsiones meteorológicas pronosticaban que los días serian impresionantes, aquellos que todo alpinista en cierne desea. Así podría haberlo sido pero….

Viernes 7 de marzo de 2014. Nos reuniríamos en el refugio Elola, apenas a un par de horas de camino de la Plataforma, lugar donde dejamos los coches. Cada grupo saldría, desde Madrid, de un punto y a una hora distinta. A pesar de ello, los catorce que éramos este primer día, nos encontramos en el aparcamiento donde pudimos repartir el material común que debemos llevar (cuerdas, pala, expres,…).

Faltan algunos minutos para las 7 cuando parten los primeros y poco después lo hacemos los cuatro últimos. El atardecer, con el cielo completamente despejado, es idílico y el paisaje impresionante, de película hollywoodiense (más bien “almodoviana”).

El camino, más que pisado y conocido por nosotros y nuestras botas, a veces cuesta ser reconocido, la nieve lo cubre todo y de vez en cuando nos sorprende.

Tras la primera sudada de rigor llegamos a los Barrerones, la luz ya escasea porlo que paramos un minuto, descansamos, bebemos y, sobre nuestras sudorosas frentes, nos colocamos los frontales. Comenzamos el descenso, al poco reconocemos las luces del refugio, una pequeña hilera de luciérnagas se dirige hacia él, nuestros compañeros pensamos.

Seguimos bajando y de pronto el terreno se allana, es totalmente horizontal, estamos sobre la Laguna que se encuentra completamente helada, recorremos unos metros por encima de, suponemos, su gruesa capa de hielo pero pronto buscamos terreno “firme”, salimos de ella ya que la poca visibilidad nos hace desconfiar.

A las nueve 9, minuto arriba o abajo, llegamos al refugio, dejamos el material costosamente porteado  en las taquillas y pasamos al comedor donde nos reunimos con el resto de compañeros, que han llegado unos minutos antes, para, pronto, iniciar la cena.

Cenamos y comentamos el programa de la siguiente jornada. En el refugio nos confirman que hay hielo formado y que las condiciones de este son buenas.

Sábado 8 de Marzo de 2014. Habíamos acordado, entre nosotros y con los guardas del refugio, desayunar a primera hora, las siete creíamos, pero tuvimos que esperar media hora más. Desayunamos y tras los largos preparativos iniciamos el camino.

El día no puede ser mejor, el cielo azul sin rastro de nubes, el viento inexistente, la nieve dura… el día soñado. Los catorce salimos hacia la Hoya Antón que se encuentra a poco más de media hora del refugio.

Poco antes de llegar dos alpinistas se me acercan y me preguntan sobre una vía de hielo, de la que llevan un croquis, en el sector de la Araña; comentamos el recorrido y lo que, tanto ellos como nosotros, haremos ese día, también quieren, después de hacer la vía de la Araña, subir por el mismo corredor que nosotros haremos. (al final de la tarde volverían a mi memoria, ¿serian ellos?) 

Cuando llegamos a la Hoya nos dividimos en dos grupos, uno, con cuatro componentes, que realizará alguna de las múltiples cascadas “fáciles” que están formadas y otro, con los diez restantes, subirá, a través del estrecho corredor que se adivina entre dos espolones rocosos, hacia la base del cuchillar y desde allí a la Canal de los Diedros, nuestro principal objetivo de este primer día. 

Los diez iniciamos el ascenso por una pala, orientada al norte, con una inclinación de 35º-40º, la nieve está muy dura, los crampones y piolets agarran  perfectamente, la sensación que me transmite es de “seguridad” (¿falsa?). Llegamos al estrechamiento rocoso  donde nos encontramos un pequeño resalte de hielo que, todos, pasamos sin gran dificultad.

Después de este resalte aún quedan bastantes metros de pala, la nieve está aún más dura, los gemelos llevan largo rato trabajando en tensión pero no hay posibilidades de descansar a no ser que cada uno monte un autoanclaje con sus piolets. La dificultad de este tramo es “fácil” pero la exposición es alta, si se comete un error no hay posibilidad de auto detención. 

Por fin llegamos a una amplia y extensa terraza de unos 900 m de longitud, que recorre toda la base de las paredes del Cuchillar de las Navajas (entre la portilla Bermeja y la de los Machos), esto nos permite agruparnos y descansar. Tomamos un merecido tentempié para recuperar fuerzas; comentamos por donde subiremos, hay varias canales y, al principio, no tenemos muy claro cuál es la de los diedros, pero pronto salimos de dudas. Dos compañeros deciden, por distintas causas, bajar de regreso hacia el refugio.

La Canal de los Diedros tiene, según todos los libros e información consultada, una dificultad AD. Es una dificultad más bien baja pero, esta canal, tal como confirmarían los acontecimientos que pronto se producirían, tiene mucha exposición. En 120 m se ascienden 97 m, lo que nos da una pendiente media del 81 % (unos 39º) datos nada espectaculares. Los números deben ser conocidos pero son solo un primer indicio, lo verdaderamente importante es lo que te encuentras sobre el terreno que puede ser muy variable de un día a otro, incluso de un minuto al siguiente.

Los ocho que quedamos nos aproximamos a la entrada de la canal, comenzamos a ascender, unos pocos metros más arriba nos detenemos para observar a una cordada que está iniciando el ascenso del canal Gallego, que sale a nuestra derecha. Nos gusta, la apuntamos en el bloc de próximos objetivos.

Reemprendemos el ascenso, más arriba se adivina un resalte de hielo de 2-3 m. parece. Subo, paso el resalte, coloco un par de Friends en la roca y monto una reunión para asegurar a los que me siguen. Tardo apenas tres minutos y tiro la cuerda pero la mayoría han decidido subir por una variante a la izquierda, no me agrada ya desconozco como es y si necesitarán alguna cuerda. Dos persona, las más expertas, si se aseguran a la cuerda lanzada.

Las dos variantes se unen unos metros más arriba y, de nuevo, se bifurcan. Dos de nosotros subimos por la derecha y el resto por la izquierda, estoy muy próximo a la salida del corredor pero estoy en medio de 15 m de nieve-hielo, no me siento inseguro, mis piolets y crampones agarran bien, pero debería haberme encordado. Llego arriba y espero a mi compañero, que tarda apenas un par de minutos.

Desde arriba oímos al resto de compañeros pero no los vemos, están unos 20 metros por debajo, se han encontrado con otro alpinista que va solo y que los espera para ver cómo salir del corredor. Montamos una reunión, a prueba de bombas, en dos bloques de roca y tiramos dos cuerdas para que los demás, poco a poco, vayan subiendo, incluido el “solitario”.    

Finalmente los ocho culminamos la canal, estamos contentos y comentamos la subida mientras nuestro “nuevo compañero” nos hace la obligada foto de grupo.

Decidimos bajar hacia la Portilla de los Machos y buscar donde comer, llegamos a la portilla y, unos 100 m más abajo, divisamos una zona rocosa que nos parece un buen sitio. El lugar es impresionante, desde aquí contemplamos el refugio al borde de la laguna helada, el Almanzor partido por la portilla del crampón,  en fin todo el circo.

Comemos, hace tanto calor al sol, no así a la sombra, que nos ponemos en manga corta, comentamos la actividad realizada y la mayoría expresa sentirse satisfechos por lo realizado,  cuando terminamos de comer son las 14:00 h, aún es pronto para bajar. Decidimos atravesar horizontalmente el balcón, por el que habíamos subido por la mañana, vamos en dirección ala portilla Bermeja y antes de llegar bajaremos hacia la hoya Antón donde buscaremos algo de hielo para pasar tranquilamente la tarde. 

El balcón tiene una inclinación de unos 30º y está helado, la exposición es alta, a medio camino vemos las marcas de unos toboganes de un metro escaso de anchura, hielo puro, que se dirige hacia el vacío, lo comentamos, lo habrá producido algún bloque de hielo pensamos, de los muchos que han caído. No sé si antes o después de haber visto el tobogán vemos aparecer un helicóptero (no es del GREIM ya que es amarillo) que tras la maniobra de aproximación aterriza unos cientos de metros por debajo de donde estamos, en nuestra vertical, debe estar bastante cerca de la pared ya que lo oímos pero no lo vemos. En dos tres minutos retoma el vuelo, habrá recogido, pienso, a algún accidentado leve  por lo poco que tarda en salir.

Proseguimos nuestro camino, comenzamos a bajar y buscamos alguna cascada, de las muchas que hay formadas y en perfectas condiciones, para poder asegurar desde arriba y subirlas en Top Rope, hay tanto hielo que no podemos acceder a la parte superior de ninguna.

Veo una muy sencilla y decido, tras montar una reunión para que me asegurasen, subirla de primero. No tenemos casi material por lo que apenas subo cinco metros, he metido un tornillo intermedio y monto, con el otro tornillo que me queda y un gancho de hielo metido hasta el fondo en un hielo durísimo, un descuelgue desde donde me bajan. Montado el Top Rope otros tres compañeros deciden probarla.

Pasan algunos minutos de las cuatro, es hora de regresar, hay que desmontar y recuperar (o abandonar) el material utilizado. Montamos otra reunión, con piolet horizontal y ancla de nieve, unos metros más abajo de la anterior y me vuelven a asegurar con cuerda en doble. Subo sin problemas, utilizando los seguros intermedios que había puesto, hasta el descuelgue, ahora comienza la maniobra complicada, debo ir quitando los seguros por encima mío y descender, que es bastante más complicado que ascender, si caigo no lo haré más de un par de metros (estoy asegurado con redundancia) por lo que es prácticamente imposible que me pase algo, será un pequeño vuelo de los que he hecho más veces en roca.

Al descender no golpeo correctamente con las puntas de los crampones en el hielo, debería hacerlo de abajo hacia arriba, y debido a mi posición y el cambio de inclinación del hielo no la hago bien. El pie derecho me falla, el izquierdo está bien clavado, caigo, no parece que sea nada pero siento dolor en el pie izquierdo ¡sé que me he lesionado¡ Mis compañeros acuden a ayudarme y me preguntan sobre mi estado. Necesitaré ayuda para bajar al refugio, les digo, pero lo podremos hacer con nuestros propios medios, aún quedan más de dos horas de luz.

Llevamos un enfermero en el grupo ¡qué suerte!, me inmoviliza el pie con medios de fortuna y montamos un pequeño trineo con mi mochila y mi trasero, poco a poco, a veces deslizándome, otras a la pata coja, vamos descendiendo.

A las 18:45 h legamos al refugio, en la puerta está Oscar, el guarda

En el refugio están los otros seis compañer del refugio, que se interesa por mi estado y me pregunta si necesito ser rescatado. Quedo en contestarle más tarde una vez que me quiten la bota y evalúen (evaluemos) el estado de mi tobillo.os de los que nos separamos por la mañana más otros dos que han llegado esa tarde desde Madrid.

Nada más llegar nos informan de las malas nuevas: a primera hora de la tarde se ha producido un accidente mortal, ¡dos muertos! Hasta ese momento mi ánimo, a pesar de mi situación, había sido bueno, en ese instante me vengo abajo a pesar de no haberlo vivido de cerca, como así lo hicieron nuestros compañeros, no quiero imaginar lo que debieron pensar al verlos caer desde la Canal de los Diedros, por el mismo sitio por donde ellos iban a subir y por donde nosotros habíamos subido apenas una hora antes.

Aparentemente y a falta de hacer las verificaciones radiológicas, mi lesión consistía en un fuerte esguince (el grado estaba por saber) que me impedía apoyar el pie sin dolor. Sería una gran imprudencia tratar de volver andando a la Plataforma ya que comprometería mi recuperación y me pondría en riesgo a mí y a mis compañeros, que deberían ayudarme, un trayecto agradable de 2 horas se convertiría en una tortura innecesaria de seis.

Informo a los guardas del refugio de mi situación para que den aviso a los servicios de rescate que, a la mañana siguiente, me sacarían de allí.

Domingo 9 de Marzo. Sobre la actividad alpinistica realizada el domingo por el grupo, poco o nada puedo decir ya que, como es evidente, no la viví.El domingo desayuné, sobre las 8, con todos los compañeros que tranquilamente, se notaba el peso de lo sucedido, fueron saliendo para realizar las actividades que teníamos previstas: Canal oculta, cascadas,  eso sí, en Top Rope.

Sobre las 10:00 fui recogido por el grupo de rescate de los GREIM que, en helicóptero, me trasladó al helipuerto de Hoyos del Espino donde una ambulancia, tras pasar por el centro de asistencia de Navarredonda, me llevo al hospital de Ávila donde fui atendido con diligencia y en menos de una hora estaba escayolado y con el alta en la mano, un par de horas de espera mirando por una ventana trascurrieron antes de que dos amigos me  recogieran y me acompañaran hasta mi casa.

Pasé un día angustioso, no por mi tobillo que apenas me dolía, si no pensando, deseando, que todos los compañeros regresasen a salvo a casa. Sobre las cinco me enteré, por uno de los nuestros, que se había producido otro accidente mortal en Gredos pero, eso me dijeron, no a nosotros. A las siete, ¡por fin! recibí las ultimas noticias en las que se me informaba que ya todos estábamos de regreso a casa.

En resumen: Todo nuestro grupo ha regresado a casa y eso es lo verdaderamente importante.

No todos los que estuvieron este fin de semana en Gredos han vuelto y esto debe llevarnos a una profunda reflexión sobre cómo se afrontan estas actividades para sacar conclusiones que nos ayuden a aprender y, en la medida de lo posible, no recaer en errores, los nuestros o los de otros.

Los accidentes son algo consustancial con la actividad que realizamos, es algo que debemos tener presente y por lo tanto, debemos, tenemos que poner todo lo que este de nuestra parte para evitarlos o, en el peor de los casos, minimizar  sus consecuencias.

Quisiera transcribir aquí un comunicado realizado por el guarda del refugio Elola, y guía de alta montaña, Oscar Morales, sobre el encordamiento, el cual suscribo, desde mis modestos conocimientos, palabra por palabra. 

USO DE LA CUERDA EN MONTAÑA

“Desde hace 22 años llevo trabajando como Guarda del refugio Elola y 18 años como Guía de Alta Montaña. Desde hacía 5 años las estadísticas de accidentes mortales en Gredos habían disminuido drásticamente hasta lo acontecido durante el pasado fin de semana. Las mentes y los cuerpos se han puesto a recordar tragedias pasadas. Amigos y no amigos que sufrieron un accidente en el que todo se detuvo.

Las causas de los accidentes son variadas y evitables, siempre que las causas sean subjetivas. Todos sabemos que cuando la Montaña y la Naturaleza dicen NO será que NO.
El motivo de las siguientes líneas es únicamente intentar dejar claro el uso del mal llamado “ensamble”.

Cuando sacamos la cuerda del macuto y nos atamos a ella con el compañero o compañeros no debemos creer en la sensación de seguridad que nos proporciona estar atados, hasta que la misma no esté “anclada al terreno”.

Únicamente en el encordamiento glaciar es válido el encordamiento de dos o más alpinistas sin asegurar la cuerda al terreno. Cosa que sí haremos en cuanto tengamos la menor duda del terreno que pisamos.

En cualquier otra situación, por fácil que nos parezca, nos soltaremos de la cuerda o la anclaremos al terreno.

PROGRESIÓN EN ENSAMBLE: progresión simultánea de los miembros de la cordada. La cuerda estará siempre anclada al terreno por al menos con 2 seguros intermedios, que el primero de la cordada irá colocando (en nieve, roca o hielo) y el segundo retirando. Cuando al primero se le acaban los seguros montará una reunión a la que llegará el segundo, continuando la progresión.

PROGRESIÓN A LARGOS: uno o dos miembros, estarán anclados a la reunión mientras el compañero progresa colocando seguros intermedios hasta la siguiente reunión. Es el primero de cordada el único miembro que se arriesga a una posible caída, que será más larga cuanto más lejos esté colocado el último seguro colocado.

CUERDA EN CORTO: sistema utilizado única y exclusivamente por personal cualificado y experimentado, es decir, los Guías de Alta Montaña, por lo que no entraré en detalles sobre su manejo. La cuerda en este caso no va anclada al terreno…

La utilización de la cuerda sin anclarla al terreno es una manera clara de tener un accidente “por compañerismo”. Cuando un miembro de la cordada comete un error, es prácticamente imposible, en casi cualquier condición del terreno, detener la caída por el resto de miembros de la cordada.

Por tu seguridad y la de tus compañeros, la cuerda siempre anclada al terreno.

No quisiera dar por terminada está memoria/relato sin agradecer a todas las personas, compañeros, amigos y desconocidos, que de algún modo me ayudaron, y me mimaron, desde el momento que se produjo el accidente hasta que llegué a la misma puerta de mi casa. ¡A TODOS MUCHAS GRACIAS¡

Mis mayores condolencias para los familiares y amigos de los montañeros fallecidos.
Madrid 17 de marzo de 2014, Jose AM